INTERNACIONALES

Investigan desprendimiento de una pieza del Learjet que se estrelló en Florida y dejó nueve muertos

La Junta Nacional de Seguridad del Transporte de Estados Unidos (NTSB, por sus siglas en inglés) investiga las causas del accidente de un Learjet 60 que se estrelló en Florida el 1 de noviembre y dejó nueve personas fallecidas. Entre las principales evidencias se encuentra el hallazgo de una pieza de la cola del avión, localizada hasta a 6.1 kilómetros del lugar del impacto.

El componente corresponde al elevador izquierdo, una superficie de control ubicada en la cola que permite subir o bajar la nariz de la aeronave. De acuerdo con Thomas Chapman, integrante de la NTSB, la pieza fue recuperada en tres fragmentos, encontrados a distancias de entre 2.1 y 6.1 kilómetros del sitio del accidente.

Los investigadores todavía no determinan si el componente se desprendió antes de que el avión comenzara a perder el control o durante el descenso. También analizan si una posible maniobra de los pilotos para estabilizar la aeronave pudo generar una sobrecarga en su estructura.

El exinvestigador de la NTSB, Greg Feith, planteó que la tripulación pudo intentar recuperar el control del avión después de que comenzara a perder altura. Según su análisis, esa maniobra habría podido someter la estructura a fuerzas elevadas y provocar el desprendimiento de algunas piezas. Sin embargo, esta hipótesis no ha sido confirmada por las autoridades.

Entre los factores que también se investigan están las condiciones meteorológicas. Antes del accidente, los pilotos reportaron formación de hielo, turbulencias moderadas y precipitación mientras volaban a unos 35 mil pies de altitud.

La aeronave había despegado de Austin, Texas, con destino a las Bahamas. Durante el trayecto, la tripulación informó a los controladores aéreos que enfrentaba condiciones meteorológicas adversas. Minutos después, comunicó que el avión estaba perdiendo altura y emitió una llamada de emergencia antes de estrellarse en el condado de Palm Beach.

Las nueve víctimas eran los dos integrantes de la tripulación y siete pasajeros, entre ellos el empresario Adam Robinson, su esposa Helen Sharp, sus dos hijos pequeños y la niñera de la familia.

La NTSB también busca recuperar la grabadora de voz de la cabina, que podría aportar información sobre las comunicaciones y las decisiones de los pilotos durante los últimos minutos del vuelo. Aunque los registros de mantenimiento indican que el avión contaba con este equipo, los investigadores aún no confirman si permanecía instalado al momento del accidente.

La investigación continúa para determinar qué provocó la pérdida de control y en qué momento se desprendieron los componentes. Se espera un informe preliminar aproximadamente 30 días después del accidente, mientras que el análisis definitivo podría tardar entre 12 y 18 meses.

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