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En ceremonia histórica, Sarah Mullally se convierte en la primera mujer Arzobispa de Canterbury

Canterbury.- Este miércoles, Sarah Mullally fue entronizada como la primera mujer primada de la Iglesia anglicana durante una ceremonia celebrada en la histórica catedral de Canterbury, un acontecimiento que pone de relieve el carácter universal de una comunión religiosa que enfrenta desafíos tanto por el avance del laicismo como por el riesgo de un cisma impulsado por sus sectores más conservadores.

El acto tuvo lugar en la ciudad medieval de Canterbury, donde San Agustín inició la evangelización cristiana en el siglo VI. A pesar de su relevancia histórica y de la presencia de los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, la ceremonia no recibió la atención mediática esperada. Mullally, de 63 años, se mostró visiblemente emocionada al recibir el báculo arzobispal en un evento solemne que destacó la creciente participación de mujeres dentro de la Iglesia, especialmente desde su ordenación como sacerdotes hace más de una década.

La Iglesia anglicana, que se separó de la Iglesia católica en 1534, ha experimentado un crecimiento significativo a nivel global, particularmente en Asia y África, aunque en el Reino Unido cuenta con alrededor de un millón de practicantes regulares. En el continente africano, sin embargo, ha cobrado fuerza un movimiento conservador que rechaza reformas como la ordenación de mujeres y el matrimonio entre personas del mismo sexo, promoviendo una visión alternativa dentro de la Comunión Anglicana.

Durante su primer sermón, Mullally evitó referirse directamente a los temas más controvertidos, optando por un mensaje centrado en la paz y la unidad. No obstante, hizo una alusión al dolor causado por acciones pasadas dentro de la comunidad cristiana, en un contexto marcado por escándalos recientes que han afectado a la institución.

La ceremonia tuvo un carácter multicultural, con cantos en suajili y bemba, así como una lectura en español a cargo de una obispa mexicana. Mullally, quien anteriormente ejerció como enfermera antes de su ordenación, se definió como un “instrumento del Señor”, reflejando su vocación de servicio.

Al término del acto, recibió una ovación entusiasta, especialmente por parte de las mujeres asistentes, en lo que se considera un momento histórico que simboliza avances en inclusión y diversidad dentro de una institución religiosa en transformación.

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